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Cuando los “y qué pasaría si…” y las preocupaciones empiezan a volverse un poco fuertes de más

Por Craig Wales, 3 de octubre de 2025

Child looking out car window, showing signs of anxiety

¿La hora de dormir en tu casa viene alguna vez acompañada de grandes preocupaciones? Ese pedido familiar de "un abrazo más" o la pregunta silenciosa: "...pero ¿qué pasa si te necesito?" O ¿has notado que tus hijos se niegan de repente a ir a la escuela, se quejan de dolores de estómago o piden que los tranquilices de manera constante? 

Estos momentos te tocan el corazón y pueden ser más que solo “fases”. Reconocer la ansiedad en los niños a tiempo es como detectar una pequeña chispa antes de que se convierta en una llama: cuanto antes actuemos, más podremos ayudar a un niño/a a sentir seguridad, fuerza y que le escuchan.

¿Sabías que la preocupación es en realidad uno de los superpoderes de nuestro cuerpo? Piénsalo como una alarma de seguridad personal diseñada para mantenernos a salvo del peligro. Pero a veces, esa alarma se vuelve un poco sensible y suena cuando realmente no la necesitamos, como un simulacro de incendio cuando no hay fuego. Es entonces cuando esos sentimientos de preocupación pueden empezar a sentirse un poco demasiado intensos.

La preocupación a menudo se manifiesta de manera diferente en la niñez que en la adultez, con señales emocionales, físicas y conductuales que pueden ser fáciles de pasar por alto. Aprende a ver esas señales con claridad, además de cuándo podría ser el momento de buscar ayuda adicional, como un entrenador conductual. También aprenderás cómo enfoques como la terapia cognitivo-conductual (TCC) pueden marcar una diferencia significativa para ayudar a los niños a sentirse mejor.

Ansiedad típica vs. algo más

Primero, un recordatorio: algo de preocupación es normal. A medida que los/as niños/as crecen, se enfrentan a nuevos retos (escuela, amistades, transiciones), y estos naturalmente provocan nerviosismo.

Pero los trastornos de ansiedad se diferencian de la ansiedad típica cuando:

  • La preocupación o el miedo son inusualmente intensos para su edad

  • Dura muchos meses (a menudo 6 meses o más) 

  • Interfiere con la vida cotidiana (escuela, amistades, sueño o rutinas en el hogar)

Es posible que los/as niños/as no siempre digan “tengo ansiedad”. En cambio, nos lo muestran a través del comportamiento, el cuerpo o el estado de ánimo. Por eso, una lista clara de los síntomas de la ansiedad infantil puede ayudarte a detectar lo que sucede más rápidamente.

Las muchas caras de la ansiedad en los niños

En los niños, las señales de preocupación y ansiedad pueden aparecer silenciosamente. Incluso puede parecer que están mintiendo o portándose mal, pero por lo general hay otra razón por la que actúan de esta manera. 

Este es un desglose de las diferentes maneras en que la ansiedad podría manifestarse en los niños. 

1. Pistas emocionales y de pensamiento

Son las cosas que suceden en su interior: sentimientos y pensamientos sobre los que los niños no siempre saben cómo hablar:

  • Preocupación constante por cosas cotidianas (como las calificaciones, la seguridad o pequeños “qué pasaría si”)

  • Imaginación del peor escenario posible (“¿Y si no me recoges?” “¿Y si me equivoco?”)

  • Problemas para concentrarse porque las preocupaciones son muy fuertes o su mente se queda totalmente en blanco

  • Muchas dudas sobre sí mismos o pensamientos de menosprecio (“No sirvo para esto”, “Lo haré mal”)

  • Repetición de los mismos pensamientos preocupantes una y otra vez

  • Miedo a que les juzguen o avergüencen, especialmente cerca de otros/as niños/as

  • Pensamientos obsesivos o impulsos de revisar las cosas una y otra vez 

2. Señales físicas en el cuerpo

Cuando los niños se sienten ansiosos, sus cuerpos a menudo entran en “modo de alerta”, incluso si no hay un peligro real. Podrías notar:

  • Dolores de cabeza, dolores de estómago o malestar sin ninguna razón clara

  • Manos temblorosas, sudoración o sensación de ruborizado

  • Latidos rápidos o sentir que te cuesta respirar

  • Inquietud, nerviosismo o tensión muscular

  • Bajos niveles de energía o cansancio que no tienen sentido

  • Problemas para conciliar el sueño, despertarse en mitad de la noche o tener pesadillas

  • Otros dolores, erupciones cutáneas o problemas estomacales que no parecen tener una causa médica

3. Comportamiento y señales sociales

Estas son las señales que suelen aparecer en las rutinas e interacciones cotidianas:

  • Evasión de cosas que parecen aterradoras o estresantes (como la escuela, las pijamadas o los cumpleaños)

  • Necesidad de que los tranquilicen constantemente o comportamientos más dependientes, especialmente con la familia

  • Estallidos grandes, colapsos emocionales o irritabilidad en momentos abrumadores

  • Dificultad para separarse de los padres o la familia, muchas lágrimas o pánico al despedirse

  • Pedidos frecuentes de quedarse en casa o decir que se siente mal antes de la escuela o actividades

  • Perfeccionismo y esforzarse demasiado por hacer las cosas exactamente como debe ser o pasar demasiado tiempo en tareas pequeñas

  • Evitar situaciones sociales o estar muy en silencio con otros/as niños/as

  • Hablar cómodamente en casa, pero cerrarse por completo en la escuela o en público

Es común que los niños muestren una mezcla de estos signos: algunos emocionales, algunos físicos, algunos conductuales. Ese tipo de superposición es normal y la buena noticia es que también es muy tratable. Un entrenador conductual de salud de BrightLife Kids puede ayudarte a identificar qué significan estos síntomas y trabajar contigo para decidir la mejor manera de manejar la situación.

¿Cuándo deberías preocuparte por la "preocupación"?

Aquí tienes algunas señales de alerta que requieren atención adicional:

  • La preocupación persiste por mucho tiempo y no parece desaparecer

  • Interfiere con la vida cotidiana: falta a la escuela, evita a los amigos o deja de hacer las cosas que normalmente disfruta

  • Aparecen quejas constantes de dolores de estómago, dolores de cabeza o sentirse mal a menudo, pero los profesionales no encuentran una razón médica

  • Las crisis o los berrinches intensos ocurren cuando se le pide que enfrente sus miedos o factores desencadenantes

  • Depende de la tranquilidad constante o de la evasión solo para salir adelante

  • La ansiedad comienza a extenderse: desde las preocupaciones escolares hasta la vida social y el hogar

  • Notas señales de tristeza, estado de ánimo decaído o incluso desesperanza

  • En el fondo, sientes que es más que "solo comportamiento": es angustia real.

Si ves patrones como estos, es recomendable consultar a un pediatra o a un profesional de salud mental infantil. Un coach de BrightLife Kids también puede ayudarte a determinar el mejor camino a seguir.

El papel de la terapia cognitivo-conductual (TCC) para niños/as

Hay estudios que demuestran que la terapia cognitivo-conductual (TCC) puede ser una forma eficaz de tratar la ansiedad. Se centra en cómo nuestros pensamientos afectan nuestros sentimientos y comportamientos, y ayuda a desarrollar habilidades de afrontamiento. 

Los/as niños/as aprenden estas habilidades a través de ejercicios llamados exposiciones que les muestran cómo usar el razonamiento y las experiencias pasadas. 

Lo que puedes hacer ahora

1. Observa y registra

Lleva un “diario de preocupaciones” durante una o dos semanas. Anota cuándo aparecen los síntomas, cuánto duran, qué parece desencadenarlos y qué tan intensos son (leves, moderados, graves). Además, toma nota de las cosas que parecen ayudar.

2. Habla sobre ello con tu niño/a

Usa un lenguaje sencillo y afectuoso. Por ejemplo:

“Me he dado cuenta de que a veces te duele la barriga o no quieres ir a la escuela. ¿Puedes decirme cómo te sientes por dentro? No tienes que enfrentarlo a solas. Podemos resolverlo juntos”. o “algunos/as niños/as sienten muchos nervios por jugar con nuevos compañeros de equipo y eso puede hacer que sea más difícil ir a practicar. ¿Sientes algo parecido?”

3. Dile que es normal

Hazle saber que todo el mundo se preocupa a veces y que la ansiedad y otras emociones van y vienen como olas. Cuéntale que la ansiedad es como la alarma de incendio natural de tu cuerpo y que, para algunas personas, empieza a sonar cuando no es necesario (como aquella vez que al abuelo se le quemó la tostada). Todo ese asunto de la falsa alarma es algo en lo que podemos trabajar para solucionarlo. Da ejemplos de cuándo tú también sientes nervios.

4. Enséñale cómo manejas tus preocupaciones

Los niños a menudo aprenden de cómo manejamos las emociones.  Habla sobre cómo enfrentas las situaciones incluso cuando sientes preocupación, qué es lo que te podría preocupar en esas situaciones frente a lo que termina sucediendo. “¡Resulta que no fue tan malo como pensé que sería!” o "Reconozco que me superpreocupa llegar tarde ahora mismo, pero voy a recordar que mi jefe suele comprender cuando me demora el tráfico de la mañana”

5. Enfrenta tus miedos paso a paso

Si tu niño/a evita algo, ayúdale a intentarlo por pasos. Dividir la situación en partes más pequeñas (y con recompensas por la valentía), puede hacer que las cosas difíciles se sientan más manejables y mantiene a tu niño/a en la mesa, por así decirlo. Enfrentar tus miedos, cuando la situación es objetivamente segura, es lo más importante que puedes hacer para abordar la ansiedad cuando empieza a convertirse en un problema. 

6. Busca orientación profesional a tiempo

Incluso si los síntomas parecen “leves”, el apoyo temprano puede prevenir que empeoren. Habla con un coach de BrightLife Kids o pídele a tu pediatra referencias de psicólogos o terapeutas infantiles.

No te preocupes, tú puedes

Notar las señales de ansiedad problemática en un/a niño/a es más que estar consciente, es una medida preventiva. Al prestar atención a cómo se ve realmente una preocupación grande, las familias pueden ofrecer apoyo temprano, antes de que el miedo eche raíces más profundas.

Si un/a niño/a muestra varias de estas señales durante muchas semanas o meses, y esto está interfiriendo con su vida diaria, busca ayuda. Un pediatra, consejero escolar o terapeuta infantil puede ayudar a determinar qué está sucediendo y qué tipo de apoyo será más útil.

Y si no sabes cómo decidir por dónde empezar, un coach de BrightLife Kids puede ayudarte. Podemos ofrecer orientación, herramientas tranquilizadoras y contactos conscientes que hacen que las grandes emociones se sientan un poco más pequeñas.

Nadie tiene que recorrer este camino a solas. Con compasión, curiosidad y las herramientas adecuadas, los/as niños/as pueden aprender a nombrar sus preocupaciones, enfrentar sus miedos y sentir seguridad en su mundo en crecimiento. Poco a poco, con el apoyo adecuado, empezarán a sentir confianza y felicidad de nuevo.