
How to support your child when a loved one dies by suicide
Los 25 distritos escolares más grandes del estado de California están ahora asociados con BrightLife Kids.
Por el equipo de BrightLife Kids

Tu niño/a tuvo un día largo. Pasó horas prestando atención en clase, jugando al aire libre y socializando. ¡¿Y ahora tienen que concentrarse en más tareas?! Para un/a niño/a neurodivergente, algunos días eso puede resultar abrumador.
La buena noticia es que pequeños cambios en tu rutina pueden marcar una gran diferencia para ambos.
Revisa las tareas en voz alta, paso a paso. Una lista completa de tareas puede parecer un muro de información de treinta metros de altura. Repasarla en voz alta, una parte a la vez, puede ayudar.
Por ejemplo, si a tu niño/a le abruman las hojas de ejercicios con demasiada información, prueba otro enfoque. En lugar de decirle: “Adelante, empieza”, intenta leer primero cada sección en voz alta. Explicar paso a paso lo que se pide puede ayudar a tu niño/a a asimilar la información con mayor facilidad. Menos presión, menos agobio.
Usa temporizadores visuales en lugar de avisos verbales sobre el tiempo. Tener que repetir cuánto tiempo queda puede provocar preocupación a tu niño/a (y ponerte en alerta a ti también). Un temporizador visual da una noción más clara del paso del tiempo.
Cuando tu niño/a está pendiente de los minutos que pasan, puede preguntarte una y otra vez cuánto tiempo queda. Si puede consultar un temporizador visual de un vistazo, no tendrá que preguntártelo repetidamente. Al no necesitar preguntarte, le resultará más fácil llevar la cuenta del tiempo sin tener que hacerlo mentalmente. Así tendrá más tiempo para concentrarse en la tarea.
Incluye momentos para moverse, no solo para descansar. Para algunos/as niños/as, sean neurodivergentes o no, puede ser difícil quedarse sin moverse durante mucho tiempo. Un breve momento de actividad física puede ayudarles a canalizar su energía y recuperar la concentración.
Permanecer sentado/a tranquilamente durante las pausas de la tarea puede ayudar a tu niño/a a mantener la calma. Pero también puede hacer que acumule demasiada energía en el cuerpo por estar sin moverse. ¡Y el cuerpo está hecho para moverse! Así que cambia un poco la rutina. Prueba hacer pausas activas: anima a tu niño/a a bailar su canción favorita, lanzarle una pelota al perro para que la traiga o ponerse de cabeza. Mover el cuerpo activa el cerebro de otra manera y ayuda a redistribuir la energía. Quizás descubras que moverse, estirarse o dar saltos de tijera es justo lo que tu niño/a necesita para volver a concentrarse.
Lo más importante es mantener la constancia con el tiempo y encontrar lo que funciona para tu niño/a. Recuerda que acaba de pasar todo el día siguiendo las reglas de otra persona. Acepta que algunos días todo saldrá bien y otros serán más caóticos.
Intenta ofrecer opciones. Pon música clásica suave de fondo si parece ayudar a tu niño/a a calmar la mente. Recuerda que los problemas de matemáticas también se pueden resolver en el patio. Y leer con la cabeza apoyada en el perro también cuenta para avanzar en los capítulos.
Antes de que te des cuenta, los pequeños triunfos comenzarán a acumularse —¡y ambos se sentirán más inteligentes! Y cuando necesites apoyo adicional, ¿por qué no agendas una cita con un coach? Siempre es gratis.