
ND 1-2-3: What ADHD really feels like for your child
Los 25 distritos escolares más grandes del estado de California están ahora asociados con BrightLife Kids.
Por el equipo de BrightLife Kids

El comienzo de un nuevo año escolar puede resultar abrumador para cualquier niño/a. Y, como padre o madre, es posible que estés conteniendo la respiración, esperando con ilusión ver una sonrisa, una nueva amistad o cualquier señal de que tu niño/a va a estar bien.
Para un/a niño/a que procesa el mundo de manera diferente, ya sea por autismo, TDAH, sensibilidades sensoriales u otra forma de pensar y sentir, los nervios habituales del primer día pueden ser más intensos y durar más tiempo. La buena noticia es que algunas estrategias específicas pueden ayudar a convertir un comienzo potencialmente inestable en uno más firme.
Convierte lo desconocido en conocido: la incertidumbre suele ser la parte más difícil de una nueva escuela, especialmente para los niños que se sienten más tranquilos cuando saben lo que viene después. La solución es reducir lo desconocido tanto como sea posible antes del primer día.
Prueba esto: visita la escuela con anticipación, aunque solo sea el estacionamiento y las puertas principales. Toma fotos del salón de clases, la cafetería y el baño. Cuando llegues a casa, mírenlas juntos. Repasa el horario real en voz alta —"Primero colgarás la mochila, luego irás a la hora del círculo, después..."— para que el día tome forma incluso antes de comenzar.
Planifica teniendo en cuenta las necesidades sensoriales y de concentración, no solo las emocionales: para muchos/as niños/as neurodivergentes, un primer día difícil no tiene que ver con los nervios, sino con cómo se siente su cuerpo y con la sensación de estar abrumados o poco estimulados. Un pasillo ruidoso, luces intensas, zapatos ajustados o tener que permanecer sentados durante mucho tiempo pueden generar más estrés que las situaciones sociales.
Prueba esto: prepara un pequeño kit con objetos que le brinden bienestar, como un juguete antiestrés, su snack favorito o algún objeto suave que pueda guardar fácilmente en un bolsillo o en la mochila. Habla con el profesor de tu niño/a con anticipación sobre sus necesidades específicas. Es posible que pueda ayudarle permitiéndole apretar una pelota antiestrés mientras escucha o avisándole con anticipación antes de situaciones con ruidos fuertes, como los simulacros de incendio.
Creen y practiquen juntos un guion para situaciones sociales: hacer amigos no es algo que les resulte natural a todos/as los/las niños/as. Parece haber reglas no escritas y, a veces, ya existen relaciones de amistad desde hace tiempo. Esto puede hacer que tu niño/a se sienta excluido/a incluso antes de que comience el año escolar. Para que tu niño/a encuentre oportunidades para iniciar conversaciones, tener con quién sentarse a almorzar y hacer nuevos amigos, solo hace falta práctica. Puede desarrollar esa habilidad de la misma manera en que le enseñas a practicar cómo atarse los zapatos.
Prueba esto: representen en casa situaciones cotidianas, como acercarse a un grupo durante el recreo (“Hola, soy James. ¿Cómo te llamas?”), preguntar si puede sumarse a un juego (“¿Puedo jugar también?”) o saber qué decir si alguien le dice que no (“Está bien, ¡quizás la próxima!”). Procura que los guiones sean breves y sencillos, y celebra cada intento, aunque no sea perfecto.
Cada niño/a se adapta a su propio ritmo, y esto puede ser especialmente cierto en el caso de los/las niños/as que comprenden y procesan el mundo de una manera diferente. Como padre, madre o cuidador/a, tu objetivo no debería ser evitar todos los momentos difíciles. El objetivo es ayudar a tu niño/a a desarrollar habilidades que hagan que las situaciones nuevas sean un poco más predecibles (y mucho menos atemorizantes).
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