
Understanding and embracing your child’s unique brain
Si eres padre, probablemente lo presenciaste: una oleada repentina de emociones, gritos fuertes, quizá pisotones o brazos agitados — un colapso total. Ya sea que tu niño o niña sea un niño pequeño, un niño en edad preescolar o incluso en la primera escuela primaria, los berrinche son una parte natural (aunque a menudo abrumadora) del crecimiento.
Y no son tu niño/un "portar mal" o "intentando pulsar botones". Los berrinches o crisis ocurren cuando los sentimientos intensos inundan el sistema de tu niño o de tu niño/a y su cerebro emocional toma el control. En esos momentos intensos, no piensan con claridad. Simplemente están abrumados.
Si alguna vez buscaste en Google "¿Cómo lidiar con el berrinche?" o susurraba para ti mismo, "¿Cuándo termina el berrinche?", definitivamente no estás solo. Muchos padres se preguntan si el berrinche es un comportamiento típico a la edad que tiene su niño/a, o cómo ayudar a su niño/a a a dejar de colapsar por lo que parece todo.
La buena noticia: aunque los berrinche son normales, también son una oportunidad para mostrar conciencia emocional y construir la calma interior de tu niño/a. A continuación, tres estrategias suaves y poderosas que pueden ayudar a desescalar esos momentos difíciles y traer más paz a tu hogar.
La primera herramienta en nuestra caja de herramientas para calmar es la coautorregulación. ¿Qué significa eso? Significa que, como Familia, te mantienes tranquilo y centrado y ofreces tu presencia tranquila a tu niño/a.
Cuando las emociones de tu niño o niña están a flor de piel, su capacidad para autorregularse se ve afectada. Por eso es fundamental que tú seas su ancla. Si el "radar emocional" de tu niño o una está a todo volumen, no los encuentras allí. Te encuentras con ellos donde estás: con los pies en la tierra, con firmeza, respirando.
Así podría ver esto en la vida real: quizá os sentéis a su lado en el suelo, ofrecéis la mano sobre su pecho y respiréis hondo y con calma juntos. Tu ritmo cardíaco constante y respiraciones lentas pueden ayudar a calmar su sistema nervioso, mostrando (sin palabras) que todo va a salir bien.
Este tipo de cercanía física y presencia tranquila envía un mensaje poderoso: "Estoy aquí. Estoy tranquilo. Te ayudaré a superar esto."
A veces, niños (¡y adultos!) Quedar completamente "atrapado" en sus sentimientos — abrumado e incapaz de soltar. Ahí es cuando el anclaje físico puede ayudar: mover, pisar fuerte, apretar o simplemente hacer algo físico que ayude al cuerpo a liberar tensión.
Si tu hijo pequeño está teniendo una crisis, podrías decir: "Oye, vamos a pisar fuerte juntos" o "¿quieres apretar tu conejito de peluche conmigo?" Incluso podrías hacerlo un poco tonto, para aligerar el momento: "¡Pisotea como un dinosaurio grande!"
El movimiento ayuda a descargar la energía acumulada. Y el acto de hacer algo físico juntos puede ayudar a que tu niño o un niño se sientan menos solos en sus emociones.
No solo ayuda a liberar energía, sino que también comunica sutilmente: "Está bien estar enojado." A veces los niños solo necesitan saber que sus sentimientos son válidos y que hay formas seguras de expresarlos.
La tercera herramienta es un cambio sensorial, un resetear suave para el cerebro y el cuerpo de tu niño/a. Un pequeño cambio en sus sentidos a veces puede interrumpir una espiral de crisis y ayudarlos a reconectar con el momento presente.
Aquí tienes algunos ejemplos:
"Vamos a sentir esta agua fresca en tus manos." La sensación fresca puede ayudar a desviar su atención del caos emocional.
"Vamos a contar todos los autos rojos que veamos por la ventana" si estás en el auto. Centrar la atención en algo simple y concreto le da a su cerebro un pequeño "trabajo", que puede ayudar a ralentizar los sentimientos abrumadores.
Pon una canción. La música a veces puede ser justo el cambio que tu niño/a necesita.
La belleza de un cambio sensorial es que no requiere palabras largas ni grandes explicaciones, solo una redirección sencilla y suave.
Cuando el berrinche o colapso se calmó, ahora es el momento de conversar. Porque ahora, su cerebro lógico vuelve a estar en línea. Ahí es cuando puedes decir cosas como:
"Oye, vi que estabas muy molesto por salir del parque."
"Lo entiendo, es difícil cuando quieres más tiempo para jugar."
"Cuando vuelvas a sentirte enojado o triste así, puedes decírmelo. Estoy aquí para ayudar."
Puedes darles opciones, poner un temporizador o ayudarlos a entender qué viene después. Esta también es una oportunidad para validar sus sentimientos, hacerles saber que sus emociones tienen sentido y también ayudarlos a aprender formas más saludables de expresar.
Muchos padres esperan una era mágica en la que los berrinche desaparezcan. La respuesta honesta es: no hay una edad específica en la que el berrinche se detenga para siempre.
Niños pequeños, niños en edad preescolar — estos primeros años de la infancia están llenos de crecimiento, grandes emociones y aprendizaje. A medida que mejoran las habilidades de comunicación, la conciencia emocional y la autorregulación de tu niño/a, los berrinches y los colapsos tenderán a ser menos frecuentes y menos intensos.
Dicho esto, el berrinche puede ocurrir de vez en cuando — incluso más allá de los años pequeños. Nuevas frustraciones, transiciones (como empezar el colegio), cansancio o sentir incomprendido también pueden desencadenarlos a edades avanzadas. Pero lo que suele cambiar es la frecuencia con la que ocurren y cómo se recupera tu niño/a.
El verdadero objetivo no es "detener el berrinche para siempre", sino construir resiliencia emocional: ayudar a tu niño o a aprender formas saludables de sentir emociones intensas y calmar cuando las emociones están a flor de piel.
Aquí está la verdad: el berrinche y los colapsos son un desastre. Pueden resultar desgarradores, agotadoras y caóticas. Como padre, puedes sentirte culpable, frustrado o perdido. Y a veces, puede parecer que estás haciendo todo mal.
Pero si practicas estas tres herramientas — la co-regulación, el arraigo físico y el cambio sensorial — estás haciendo algo profundamente poderoso. Más que ofrecer a tu niño o un niño seguro, calma y una forma de superar la tormenta, le estás mostrando que está bien sentir emociones intensas. Esa rabia, tristeza, frustración — todo forma parte de ser humano. Y, lo más importante, les estás ayudando a aprender a superar esos sentimientos con cuidado y amabilidad.
Berrinche de niño pequeño, crisis de nervios, berrinche de temperamento — todo forma parte de la primera infancia. Pueden dejarnos agotados. Pero no tienen por qué dejarnos sin esperanza. Recuerda: no se trata de detener los sentimientos. Se trata de ayudar a tu niño o a pasar por ellos con seguridad. Y con el tiempo, muchas de esas tormentas se irán calmando.
¿Necesitas más apoyo?
BrightLife Kids ofrece Coachingde salud conductual gratis, herramientas digitales y coordinación de cuidados para familias con niños de 0 a 12 años. Es una ayuda sencilla y compasiva — sin costo para ti y registrar solo lleva unos minutos.