¿La hora de dormir en casa viene alguna vez acompañada de grandes preocupaciones? Esa llamada familiar de "un abrazo más" o la pregunta en voz baja, "... pero ¿y si te necesito?" ¿O notaste que tus hijos de repente se niegan a ir al colegio, se quejan de dolor de estómago o piden constantemente tranquilidad?
Estos momentos tiran de tu corazón, y pueden ser más que simples "fases". Reconocer la ansiedad en los niños desde temprano es como detectar una pequeña chispa antes de que se convierta en llama: lo más pronto posible actuemos, más podemos ayudar a un niño o niña a sentir seguro, fuerte y escuchado.
¿Sabías que la preocupación es en realidad uno de los superpoderes de nuestro cuerpo? Piénsalo como una alarma de seguridad personal diseñada para protegernos del peligro. Pero a veces, esa alarma se vuelve un poco sensible y suena cuando realmente no la necesitamos, como en un simulacro de incendio cuando no hay incendio. Es entonces cuando esos sentimientos de preocupación pueden empezar a parecer un poco demasiado grandes.
La preocupación suele manifestar de forma diferente en los niños que en los adultos, con señales emocionales, físicas y conductuales que pueden pasar por alto fácilmente. Aprende a ver esos signos con claridad, así como cuándo puede ser el momento de buscar ayuda adicional, como un entrenador conductual. También aprenderás cómo enfoques como la terapia cognitivo-conductual / terapia de salud mental (TCC) pueden marcar una diferencia significativa para ayudar al niño/a a sentir mejor.
Ansiedad típica vs. algo más
Primero, un recordatorio: algo de preocupación es normal. A medida que los niños crecen, se enfrentan a nuevos retos (colegio, amistades, transiciones), y estos naturalmente generan nerviosismo.
Pero los trastornos de ansiedad difieren de la ansiedad típica cuando:
La preocupación o el miedo es inusualmente intenso para su edad
Dura muchos meses (a menudo 6 meses o más)
Interfiere en la vida cotidiana (colegio, amistades, sueño o rutinas en casa)
Niño/a puede que no siempre diga "Estoy ansioso." En cambio, nos muestran a través del comportamiento, el cuerpo o el estado de ánimo. Por eso, una lista clara de los síntomas de la ansiedad infantil puede ayudarte a detectar lo que ocurre más rápido.
Las muchas caras de la ansiedad en los niños
Con los niños, los signos de preocupación y ansiedad pueden colar de forma discreta. Puede incluso parecer que mienten o se comportan así, pero normalmente hay otra razón por la que actúan así.
Aquí tienes un desglose de las diferentes formas en que la ansiedad puede manifestar en el niño/a.
1. Pistas emocionales y de pensamiento
Estas son las cosas que ocurren dentro — sentimientos y pensamientos que los niños quizá no siempre sepan cómo hablar:
Preocupación constante por cosas cotidianas (como las notas, la seguridad o pequeños "qué pasaría si")
Imaginando el peor escenario posible ("¿Y si no me recoges?" "¿Y si la fastidio?")
Problemas para concentrar porque las preocupaciones son muy fuertes, o su mente se queda totalmente en blanco
Muchas dudas o pensamientos despreciativos ("No se me da bien esto", "Me equivoco")
Repitiendo los mismos pensamientos preocupados una y otra vez
Miedo a ser juzgado o avergonzado, especialmente con otros niños
Pensamientos obsesivos o impulsos de revisar las cosas una y otra vez
2. Signos físicos en el cuerpo
Cuando los niños se sienten ansiosos, sus cuerpos a menudo entran en "modo alerta", aunque no haya un peligro real. Quizá notes lo siguiente:
Dolores de cabeza, molestias de estómago o sensación de náuseas sin una razón clara
Manos temblorosas, sudoración o sensación de rubor
Latidos acelerados o sensación de dificultad para respirar
Inquietud, nerviosismo o músculos tensos
Baja energía o cansancio que no tiene sentido
Problemas para dormir, despertar en mitad de la noche o tener pesadillas
Otros dolores, erupciones cutáneas o problemas estomacales que no parecen tener causa médica
3. Comportamiento y señales sociales
Estas son las señales que suelen manifestar en las rutinas e interacciones cotidianas:
Evitar cosas que te den miedo o estrés (como el colegio, fiestas de piyamas o fiestas de cumpleaños)
Necesitando constante seguridad o volver aún más pegajoso, especialmente con la Familia
Grandes arrebatos, crisis o irritabilidad cuando te sientes abrumado
Problemas para separar de un padre o de una familia, muchas lágrimas o pánico al despedir
Peticiones frecuentes para quedar en casa o diciendo que se sienten mal antes de ir al colegio o a las actividades
Perfeccionismo y esforzar mucho por hacer las cosas perfectas o pasar demasiado tiempo en tareas pequeñas
Evitar situaciones sociales o ser muy callado con otros niños
Hablando cómodamente en casa, pero bloqueándome completamente en el colegio o en público
Es común que los niños muestren una mezcla de estos signos — algunos emocionales, otros físicos, otros conductuales. Ese tipo de solapamiento es normal, y la buena noticia es que también es muy tratable. Un BrightLife Kids Entrenador conductual puede ayudarte a identificar qué significan estos síntomas y trabajar contigo para decidir la mejor manera de manejarlos.
¿Cuándo deberías preocuparte por "preocuparte"?
Aquí tienes algunas señales de alerta que merecen especial atención:
La preocupación persiste mucho tiempo y no parece desaparecer
Entorpece la vida cotidiana — faltar al colegio, evitar colegas o saltar cosas que suelen disfrutar
Con frecuencia aparecen quejas constantes de dolores de estómago, dolores de cabeza o náuseas, pero los médicos no encuentran una causa médica
Los grandes colapsos o berrinche ocurren cuando se les pide enfrentar a miedos o desencadenantes
Se apoyan en la constante seguridad o evitación solo para salir adelante
La ansiedad empieza a extender — desde las preocupaciones escolares hasta la vida social y el hogar
Notas signos de tristeza, bajo ánimo o incluso desesperanza
En el fondo, sientes que es más que "solo comportamiento": es un verdadero malestar.
Si ves patrones como estos, es recomendable consultar a un pediatra o a un niño o a un profesional de la salud mental. Un Coach de BrightLife Kids también puede ayudarte a encontrar el mejor camino a seguir.
El papel de la terapia cognitivo-conductual / terapia de salud mental (TCC) para los niños
Los estudios demuestran que la terapia cognitivo-conductual / terapia de salud mental (TCC) puede ser una forma eficaz de tratar la ansiedad. Se centra en cómo nuestros pensamientos afectan nuestros sentimientos y comportamientos, y ayuda a desarrollar habilidades de afrontamiento.
Los niños aprenden estas habilidades mediante ejercicios llamados exposiciones que les muestran cómo usar el razonamiento y experiencias pasadas.
Lo que puedes hacer ahora
1. Observar y registrar
Lleva un "diario de preocupaciones" durante una o dos semanas. Fíjate cuándo aparecen los síntomas, cuánto duran, qué parece desencadenarlos y qué tan intensos son (leves, moderados, graves). Además, toma nota de las cosas que parecen ayudar.
2. Habla con tu niño o niña
Usa un lenguaje sencillo y cariñoso. Por ejemplo:
"Noté que a veces te duele la tripa o no quieres ir al colegio. ¿Puedes contarme cómo te sientes por dentro? No tienes que enfrentarte solo. Podemos resolverlo juntos." O "algunos niños se sienten muy nerviosos al jugar con nuevos colegas y puede dificultar ir a los entrenamientos. ¿Eso te suena a ti?"
3. Diles que es normal
Hazles saber que todo el mundo a veces se preocupa y que la ansiedad y otras emociones van y vienen como olas. Hazles saber que la ansiedad es como la alarma de incendios natural de tu cuerpo y que para algunas personas empieza a sonar cuando no es necesaria (como aquella vez que el abuelo quemó la tostada). Todo ese tema de la falsa alarma es algo que podemos trabajar en arreglar. Da ejemplos de cuando también te sientes nervioso.
4. Muéstrales cómo manejas la preocupación
Los niños suelen aprender de cómo manejamos las emociones. Habla sobre cómo afrontas las situaciones incluso cuando te sientes preocupado, qué podrías preocuparte en esas situaciones frente a lo que acaba ocurriendo. "¡Resulta que no fue tan malo como pensaba!" o "Reconozco que estoy muy preocupado por llegar tarde ahora mismo, pero voy a recordar que mi jefe suele ser comprensivo con el tráfico de la mañana"
5. Enfrenta los miedos paso a paso
Si tu niño o niña evita algo, ayúdalo a intentarlo poco a poco. Desglosar la situación en partes más pequeñas — ¡con recompensas por la valentía! — puede hacer que las cosas difíciles se sientan más accesibles y mantiene a tu hijo en la mesa, por así decirlo. Enfrentar tus miedos, cuando la situación es objetivamente segura, es lo más importante para abordar la ansiedad cuando empieza a convertir en un problema.
6. Buscar orientación profesional con antelación
Incluso si los síntomas parecen "leves", el apoyo temprano puede evitar que empeoren. Habla con un Coach de BrightLife Kids o pide a tu pediatra derivaciones a psicólogos infantiles o terapeutas.
No te preocupes, tú puedes con esto
Detectar signos de ansiedad problemática en un niño o niño/a es más que concietiza, es una medida preventiva. Al sintonizar con lo que realmente significa una gran preocupación, Familia puede ofrecer apoyo desde el principio, antes de que el miedo echa raíces más profundas.
Si un niño o niña muestra varios de estos signos durante semanas o meses y eso está dificultando la vida diaria, contacta con ellos. Un pediatra, un orientador escolar o un niño/terapeuta puede ayudarte a averiguar qué está pasando y qué tipo de apoyo será de mayor ayuda.
Y si no sabes por dónde empezar, un BrightLife Kids Coach está aquí para ayudarte. Podemos ofrecer orientación, herramientas calmantes y revisiones conscientes que hacen que los sentimientos grandes se sientan un poco más pequeños.
Nadie tiene que recorrer este camino solo. Con compasión, curiosidad y las herramientas adecuadas, los niños pueden aprender a nombrar sus preocupaciones, afrontar sus miedos y sentir seguros en su mundo en crecimiento. Poco a poco, con el apoyo adecuado, empezarán a sentir seguros y felices de nuevo.
