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ND 1-2-3: autorregulación para padres de niños neurodiversos

Por el equipo de BrightLife Kids

A smiling caregiver holds a tablet while a child points at the screen.

Ayudar a un/a niño/a neurodivergente a regresar a la escuela después de haberla evitado o de haber faltado puede ser muy desgastante para un padre. Algunos de los consejos habituales no siempre resultan adecuados. Y encontrar adaptaciones para tu niño/a puede sentirse como una carga más que termina por hacerte perder el equilibrio. 


Regular tus propias emociones no le quita nada a tu niño/a. De hecho, no solo es bueno para ti, sino también para él/ella. Cuando logras mantener la calma y el equilibrio, te resulta más fácil recurrir a la paciencia, la curiosidad y la escucha. Tenemos algunas maneras que pueden ayudarte a lograrlo.

Te damos tres claves: 


  1. Regula tus propias emociones antes de intentar ayudar a tu niño/a a regular las suyas: los/las niños/as neurodivergentes suelen percibir la calma o el estrés de los adultos que los/as rodean. A veces, están incluso más en sintonía con esas vibras que los niños neurotípicos. Si entras en una habitación cargado/a de tensión, es posible que tu niño/a lo perciba de inmediato, incluso antes de que digas una palabra.

    Prueba esto: observa primero tus propias señales de estrés. Opresión en el pecho. Poca paciencia. Pensamientos acelerados antes de la despedida. Te apresuras para hacer la rutina de la mañana. Luego, permítete tomar un respiro o salir de la habitación por un minuto. Si necesitas más apoyo, recuerda que buscar apoyo para ti a través de un coach o terapeuta no es egoísta. A menudo es la manera más rápida de ayudar realmente a tu niño/a.


  2. Valida lo que siente, sin eliminar el desafío: esto puede sentirse más difícil con un/a niño/a neurodivergente. La vida diaria ya les exige sobrellevar un malestar real. Sobrecarga sensorial. Reglas sociales poco claras. El esfuerzo agotador de enmascarar o intentar parecer “bien”. Al ver lo mucho que tu niño/a ya tiene que afrontar, puede resultar tentador ver sus dificultades y tratar de eliminar cualquier paso que le resulte difícil. También es importante recordar que, a veces, tú y tu niño/a tendrán que dar un paso más pequeño de lo que habían planeado originalmente. Eso también está bien.

    Intenta hacer ambas cosas a la vez con delicadeza. Puedes decir: “Sé que esto se siente muy difícil en este momento. Y también sé que puedes intentar hacer lo que hablamos”. Si le facilitas demasiado el camino a tu niño/a, puede aprender a evitar cualquier obstáculo que se le presente. Por otro lado, si lo/la presionas demasiado y restas importancia a cómo se siente al intentarlo, puedes generarle aún más estrés. Ninguno de los dos enfoques funciona tan bien por sí solo.


  3. Establece límites con apoyo externo: un coach (o un/a terapeuta, si se requiere un nivel de atención más especializado) que comprenda la neurodiversidad puede ayudarte a establecer límites claros. Decidan juntos y con anticipación qué se considera un día “lo suficientemente bueno”. Habla sobre qué señales te indican que es momento de hacer una pausa o dar un paso atrás por completo. Decide qué pequeños pasos cuentan como progreso real, incluso si no se parecen en nada a un día escolar típico.

    Reconoce los avances de tu niño/a según su propio ritmo, no según los plazos que podrían esperarse de un/a niño/a neurotípico/a. Asistir parcialmente a la escuela durante tres días puede ser un verdadero avance. Pasar una semana tranquila sin crisis emocionales también puede serlo, incluso si no cambia la cantidad de horas que pasa en la escuela. Sé flexible y trabaja con tu coach o terapeuta para ir haciendo ajustes a medida que avanzan.

La paciencia, la escucha y la curiosidad son las herramientas que realmente ayudan a tu niño/a a regresar al salón de clases. Cuando logras regular tus emociones, te resulta más fácil recurrir a esas herramientas. Y cuando tu niño/a se siente seguro/a y sabe qué esperar, puede que se sienta más preparado/a para intentarlo de nuevo. 


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