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Rutinas para dormir: repetir, repetir, repetir

Por el equipo de BrightLife Kids

A caregiver and a child with a teddy bear smile while reading a book under a bedside lamp.

Hay momentos en la vida de todas las familias en los que la previsibilidad disminuye, los horarios de sueño se alteran y los horarios formales de dormir se descontrolan, lo que puede hacer que surjan los problemas de sueño y aumenten las frustraciones. Entonces, no te sorprenderá saber que una de tus estrategias para dormir debería ser la constancia, la constancia y la constancia (siempre que sea posible).

Los niños pueden sentirse sobreprogramados durante el día, al igual que los adultos (pero sin las herramientas emocionales para manejar esa sensación). Ayudar a tu niño/a a hacer la transición de las actividades diarias estructuradas a la simplicidad de una rutina de sueño predecible puede ser muy útil. Las rutinas ayudan a regular los ritmos corporales de tu niño/a, por lo que su cuerpo puede esperar dormir y despertarse a horas regulares.

Establece un horario para acostarse y trata de respetarlo

La primera clave para la constancia es la hora habitual de acostarse de tu niño/a. Tan a menudo como puedas, trata de ayudar a tu niño/a a dormirse más o menos a la misma hora (y en el mismo entorno). En esas noches en las que simplemente no sucede, ¡no todo está perdido! Solo regístralo en el diario de sueño y vuelve a intentarlo al día siguiente.

Crea una rutina de relajación predecible

El proceso habitual de acostarse de tu niño/a comenzará un poco antes, con su tiempo de espera regular. Quizás siempre se bañan, lo cual es una señal de que se acerca la hora de acostarse. O bien, un bocadillo nocturno, un vaso de leche o un refrigerio ligero. Intenta encontrar algo que puedas hacer a diario, para que se convierta en algo predecible.

Construye en conexión

Pasar tiempo de calidad juntos antes de dormir puede hacer que tu niño/a espere con ilusión la hora de acostarse. ¿Qué actividades relajantes pueden hacer juntos cada noche? ¿Leer un cuento en la cama? ¿Acurrucarse? ¿Tomar turnos para contarse cómo les fue durante el día? ¿Arropar peluches?

No te compliques

La rutina antes de dormir no tiene que sentirse como preparar una receta complicada para que funcione. ¿Nuestro consejo? No te compliques. Elige una o dos cosas que probablemente puedas hacer una y otra vez. Además, si ya tienes una rutina que te funciona, ¡genial! No hace falta cambiarla.

Ajusta las transiciones

Los grandes cambios, como empezar el jardín de infantes, volver a la escuela después de las vacaciones de verano o mudarse, pueden alterar los ciclos de sueño de tu niño/a. Quizás quieras probar con una siesta diaria o una hora extra de sueño mientras se adaptan a los grandes cambios.

Solución de problemas

  • Si tienes más de un/a niño/a, es posible que el más pequeño se resista a la rutina de la hora de acostarse cuando vea que sus hermanos mayores se quedan despiertos hasta más tarde. Por duro que pueda ser, intenta respetar los distintos horarios para ir a dormir. Hazle saber a tus hijos menores que, a medida que crezca, su cuerpo necesitará una cantidad diferente de sueño: cuando sea mayor, ¡también se dormirá más tarde!

  • Las necesidades de sueño pueden cambiar con frecuencia durante la etapa preescolar y el jardín de infantes. Si la hora de acostarse que intentas mantener no parece funcionar, siempre puedes ajustarla gradualmente para adelantarla o retrasarla.

Conclusión

Las rutinas para ir a la cama no tienen por qué ser exactamente las mismas todas las noches, ya que sabemos que es una tarea imposible. Sin embargo, cuanta más previsibilidad y consistencia pueda haber, mejor. Puedes empezar a convertir la hora de dormir de una lucha de poder en un momento de cercanía y conexión.