Coach Bri
Formación académica y certificaciones: licenciatura en Sociología; NBC-HWC
Áreas de especialización: preocupaciones, TEA, sueño, autoestima, enfoque/organización, divorcio/separación, conducta, comunicación, ira, tristeza, atención plena, relaciones, escuela, transiciones difíciles
Idiomas: inglés

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¿Qué experiencia tienes trabajando con familias?
He tenido el privilegio de acompañar a familias desde un enfoque centrado en las relaciones, brindando apoyo a su desarrollo socioemocional e intelectual desde una mirada centrada en la persona. Mi enfoque está puesto en la intervención temprana y la atención preventiva, acompañando a cada familia desde el lugar en el que se encuentra. Mi función no es tener todas las respuestas, sino ayudar a las familias a encontrar las suyas, aportando flexibilidad, creatividad y empatía para fortalecer relaciones sólidas y de confianza. Quiero que los niños, las niñas y sus familias desarrollen una mayor resiliencia y autorregulación de una manera auténtica y propia.
¿Qué te inspiró a convertirte en coach o coach especialista?
Lo que me impulsó a convertirme en coach fue aprender a seguir adelante tras mi propio proceso de sanación, en el que descubrí que podía transformar el estancamiento en un cambio real, un pequeño paso a la vez. En el camino, descubrí que el proceso importaba tanto como el resultado, lo que incluye practicar la paciencia, la atención plena, la autocompasión y recuperar la alegría. Hoy, ayudo a las familias a afrontar sus propios desafíos, fijando metas manejables y celebrando cada paso de progreso en el camino. La empatía y el impulso de generar un impacto significativo siguen estando en el corazón de todo lo que hago.
¿Cuáles son tus fortalezas a la hora de trabajar con niños y familias?
Mi mayor fortaleza es poder ver más allá de las conductas visibles para comprender lo que expresa el sistema nervioso de una familia, sabiendo que, incluso en los momentos más difíciles, sus integrantes siguen esforzándose unos por otros. Para mí, la conducta es el humo y el sistema nervioso es el fuego. Esta perspectiva, combinada con una profunda empatía, me ayuda a evaluar si una familia necesita primero apoyo para sentar bases sólidas, fortalecer sus vínculos o desarrollar los recursos necesarios para afrontar la vida cotidiana. A través del juego, el movimiento y la atención plena, ayudo a las familias a aprender a regular sus emociones juntas, en lugar de abordar las conductas de forma aislada, y a crear un entorno seguro en el que los/las niños/as puedan practicar cómo afrontar sus miedos con valentía. Es un privilegio acompañar a las familias tanto al comienzo del proceso como más adelante, cuando empiezan a producirse cambios reales.
¿Qué más te gustaría que las familias supieran de ti?
Mis padres se separaron cuando yo era joven y sigo siendo muy cercana a ellos. Crecer en una familia ensamblada me permitió conocer de primera mano cómo evolucionan las familias durante los períodos de transición y me enseñó que los vínculos significativos y afectuosos pueden construirse de muchas maneras. He visto lo que sucede cuando esos vínculos se debilitan, y eso reforzó mi compromiso con la intervención temprana para ayudar a las familias a fortalecerse antes de que las relaciones comiencen a deteriorarse. Creo que las relaciones seguras y afectuosas no solo transforman a las familias, sino que también mantienen unidas a comunidades enteras. Un dato curioso: soy tía de dos sobrinas adolescentes que siempre me mantienen alerta.
